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El Tenor favorito de Venezuela

 

Alfredo Sadel: 22 años del adiós del más grande

Fue el primer gran ídolo de masas y el más grande cantante que ha dado nuestro país. El llamado “Tenor Favorito de Venezuela” sigue hoy en día sin rivales 22 años después de su partida. Sadel se despidió del público venezolano el 28 de junio de 1989. Sus restos recibieron los más altos honores de una figura artística en el Gobierno de Carlos Andrés Pérez, decretando 3 días de duelo Nacional.  Pionero de la radio, el cine y la televisión, fue el más internacional de nuestros artistas del canto (en una época en que Venezuela no producía ídolos populares). Su fructífera carrera, recogida en el laureado documental que hizo su hijo, Alfredo Sánchez, titulado “Alfredo Sadel: Aquel Cantor”, le ha dado la vuelta al mundo con sus valiosos testimonios, que incluyen a artistas como Plácido Domingo, Lucho Gatica, Celia Cruz, Guillermo Cabrera Infante y Emilita Dago, entre otros. Dentro y fuera de nuestras fronteras, Sadel brilló como ningún otro vocalista criollo. Antes de él, hubo cantantes como Lorenzo Herrera, Eduardo Lanz, Graciela Naranjo, Mario Suárez, Héctor Monteverde y “Rafa” Galindo, pero fue Sadel quien impuso el bolero en nuestro país y popularizó nuestra música en el exterior. Luego de él, otros trascendieron fronteras, pero fue Sadel quien con su amplio repertorio, maravilloso registro vocal y su imponente presencia escénica se constituyó en la más alta referencia para artista alguno en Venezuela. Hoy recordamos su trayectoria en el programa en contacto con la Radio a través de esta emisora y es oportuno señalar la presencia del Dr. José Cheo Díaz quien mantuvo  su amplia amistad hasta su última morada !
Alfredo Sánchez Luna nació el 22 de febrero de 1930 en una casa ubicada al lado del antiguo cine San Juan en la pintoresca Caracas, la ciudad de los techos rojos. Su nombre artístico, Alfredo Sadel, surgió de la combinación de Sánchez con Gardel. Hizo estudios en la Escuela Superior de Santa Capilla, dirigida por el maestro Sojo. Allí estudió teoría y solfeo, armonía, piano y, por supuesto, canto.
También trabajó como asistente de Carlos Cruz Diez en la agencia de publicidad McCann Erickson. Allí dibujaba y elaboraba avisos de prensa.
DEBUT EN RADIO CARACAS RADIO
En el año 1946, Alfredo debutó en Radio Caracas Radio, donde grabó su primera canción titulada “Desesperación”, la cual nunca salió a la luz pública. Siguió insistiendo en programas de aficionados y luego se presentó en la "Caravana Camel", el primer programa radial en donde le dieron la oportunidad de cantar. Y fue así como de la noche a la mañana se convirtió en un cantante profesional.
Con un pasodoble dedicado al torero “Diamante Negro”, Sadel se convirtió en todo un fenómeno de ventas: vendió 20 mil copias en un mercado donde tales cifras eran sencillamente imposibles.
A partir de ese momento, Alfredo Sadel se hizo famoso. Grabó más discos, y hasta le ofrecieron participar en una película. Hizo un personaje protagónico en el film “Flor de Campo”, el primer largometraje de factura nacional, con música, guión y reparto venezolanos.
A raíz de esa experiencia, Alfredo tuvo la oportunidad de mostrarle al mundo sus capacidades histriónicas, encontrando además en la pantalla grande otro atractivo medio para cercarse aún más a su público.
Paralelamente al cine, Alfredo continuó cantando en programas radiales y grabando nuevos repertorios. Durante esta época, se presentó en “Fiesta Fabulosa”, programa estelar de aquella época. A su repertorio agrega piezas de Billo Frómeta, Eduardo Serrano y Manuel Enrique Pérez Díaz. En 1952 graba los temas “Déjame”, “Me queda el consuelo”, “Por el Prado y “Cerca de ti”.
Ese mismo año, Alfredo Sadel debuta en el teatro Jefferson de New York, y a partir de ese momento comienza su popularidad en los Estados Unidos, en donde más tarde actuó en el programa “Colgate Comedy” y se presentó junto a Lola Flores en el teatro San Juan de New York.
PIONERO DE RCTV
En 1953, de regreso a Venezuela, fue el artista estelar en la inauguración de Radio Caracas Televisión. En este canal participó en diversos programas, entre los más recordados, “El Show de Víctor Saume”, donde se presentó al lado de Lucho Gatica, y “El Show de Renny Ottolina”.
Actúa en Nueva York para la cadena ABC y se presenta en el Hotel “Shoreham” de Washington. Sadel es considerado por la prensa de ese país “El artista latino más popular de la TV norteamericana”. Mientras su voz recorría las ciudades más importantes de esa nación, el público venezolano lo esperaba con ansias.
En 1955 debutó en La Habana, ciudad en la que participó en los programas televisivos más vistos y en las emisoras radiales más populares de la época. La isla entera se rindió a sus pies. Compartió escena con los artistas más mimados del país como Beny Moré. Ese año grabó el disco “Mi canción”, el cual batió récord de ventas. La TV cubana le ofreció incluso conducir su propio programa, el cual más tarde se adueño totalmente de la sintonía.
Sadel dominó todos los géneros y ritmos venezolanos y de toda América: joropo, valses, pasajes, pasodobles, boleros, tangos y merengue.
En México hizo muchas películas: “Tú y la mentira”, “El Ratón”, “El buena suerte”, “Martín Santos, el llanero”, “Un venezolano en México” y “Tres balas perdidas”. Para ese momento, Alfredo se había convertido ya en el ídolo de toda América Latina.
Un año después en 1957, Alfredo graba el tema “Escríbeme” de Guillermo Castillo Bustamante y funda la Asociación Venezolana de Artistas en Escena (AVADE) convirtiéndose así en el primer líder sindical de los artistas.
En 1958 se convierte en el primer artista venezolano en Hollywood al ser contratado por la Metro Goldwin Mayer. Graba los discos “Sadel a media voz”, “Sadel canta a Agustín Lara” y “Caminos de mi tierra”.
En el mejor momento de su carrera como cantante popular, decidió dedicarse a la ópera, llegando a dominar el repertorio de los grandes autores clásicos: Mozart, Beethoven, Liszt, Verdi, Schubert, Puccini, Monteverdi, Mascagni, Donizetti, Bizet, Scarlatti y otros. luego comenzó a estudiar con los pocos maestros de canto que había en el país en esa época y fue así como empezó a descubrir un mundo nuevo muy diferente a sus tangos y sus boleros.
Alfredo debutó en Caracas como cantante lírico con la zarzuela "Los Gavilanes", en el Teatro Nacional. Luego parte a Europa, donde se presentó en los teatros más prestigiosos del mundo. Viajó a Belgrado, Rusia, Hamburgo, España, Yugolasvia, Suiza, Francia, Alemania y muchos otros países. También tuvo la oportunidad de cantar en el famoso Carnegie Hall de New York, en donde intervino en “Cecilia Valdez, la obra cumbre de la lírica cubana. Más tarde, la compañía de Plácido Domingo lo contrató para una gira latinoamericana en la cual tuvo la oportunidad de cantar al lado de Doña Pepita Embil.
En Lima, Sadel y Domingo protagonizaron lo que los peruanos calificaron como las temporadas de zarzuelas más exitosas que se hayan realizado en ese país. A sala llena cantaron la ópera "El Gato Montés" y también participaron en la temporada de ópera de Bellas Artes.
Sadel regresó a Europa y debutó como Alfredo Sánchez Luna en el Teatro de la Opera de Münster, en Alemania. En St. Gallen, Suiza, protagonizó más de cien funciones. Cantó “Carmen”, “La Boheme”, “Tosca”, “Don Carlos” y “El Buque Fantasma” de Wagner, “Dos Pascuale” y “Cavallería Rusticana”. Allí lo escuchó el crítico Kurt Pahlen, y decidió incluirlo en su libro "Grandes cantantes de nuestro tiempo". En la Unión Soviética interpretó “Tosca”, “Rigoletto”, “Traviata”, “Lucia di Lamermoor” y Madame Butterfly. Y en Leningrado también cantó una Tosca memorable. Al mismo tiempo que desarrollaba su actividad lírica, su pasión por la música popular latinoamericana se mantenía intacta.
Desde su primera presentación en público en el Nuevo Circo de Caracas en 1947, cuando todavía no había cumplido los 18 años de edad, Alfredo Sadel impresionó por su portentosa voz de tenor y su estampa de galán cinematográfico. Lo tenía todo para triunfar y él estaba consciente de ello, de allí que aprovechó las oportunidades que se le presentaron para saltar del estrellato en Venezuela al éxito internacional, un camino que comenzó a recorrer en 1951, cuando es contratado por la RCA Víctor para grabar en Nueva York.
Antes de aquella actuación en el Nuevo Circo, ya había ganado no poca popularidad a través de programas radiales tan sintonizados como La caravana Camel y Fiesta fabulosa. También grabó el primer disco fabricado en Venezuela, con la canción Diamante Negro, compuesta por él y uno de los hitos de su repertorio, así como el bolero Desesperanza, que le escribió María Luisa Escobar. Además, había participado en las películas Misión atómica -junto a Amador Bendayán- y Flor del campo.
Con este bagaje, Sadel viaja a Nueva York y sus primeras grabaciones con la RCA Víctor las hace bajo la dirección musical de Aldemaro Romero, otro venezolano que en esa época comenzaba su proyección internacional desde aquella ciudad. Paralelamente, se presenta en el Chateau Madrid, el cabaret por donde pasaban las luminarias hispanoamericanas más famosas de entonces. Su éxito fue tan resonante, que estuvo allí durante tres meses.
Tal acontecimiento llamó la atención de Ed Sullivan, el animador más importante de la televisión estadounidense, quien lo invitó para una de las emisiones de su show diario, que se transmitía de costa a costa. Allí, el tenor venezolano interpretó el clásico italiano Matinata, con arreglo de Aldemaro Romero, episodio que aparece en el excelente documental Alfredo Sadel: aquel cantor (1999), dirigido por Alfredo Sánchez, hijo del vocalista.
Luego vendría la consolidación de su idolatría en la América de habla hispana. Se presenta por primera vez en Cuba en 1955, en donde se volvieron locos con él y prácticamente se rindieron a sus pies. Tuvo su propio show de televisión, hizo Mi canción y Fiesta latinoamericana, elepés que rompieron todos los records de difusión y ventas establecidos para entonces para un artista de esta parte del Continente, y hasta grabó a dúo con el gran Benny Moré el bolero Alma libre.
En México no tardó en ser ídolo de multitudes, así como también en Colombia, Argentina, Puerto Rico, la República Dominicana y el resto de Latinoamérica. En la nación azteca hizo numerosas películas que refrendaron su popularidad.
Cuando en 1961 decide -en plena cúspide de la fama- dejar la canción popular para dedicarse al bel canto, iniciaría en esta faceta otra racha de éxitos internacionales, en escenarios como el Carnegie Hall de Nueva York, el Teatro Colón de Buenos Aires, el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México y la Scala de Milán. Es el primer venezolano en cantar en la desaparecida Unión Soviética, donde hizo frecuentes giras como intérprete de óperas como La Bohème, Tosca, Rigoletto y La Traviata.
Sin duda, Alfredo Sadel fue nuestro primer ídolo de exportación, con una carrera fulgurante y eminente, dentro y fuera de Venezuela y sigue presente tanto hoy como ayer en miles de corazones latinoamericanos.


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